Investigadores de la ABAE analizan el impacto del clima espacial en la tecnología satelital


Prensa ABAE. — El clima espacial representa una amenaza real para la infraestructura tecnológica terrestre y satelital. Fenómenos como las tormentas geomagnéticas y las erupciones solares pueden afectar sistemas cruciales de navegación global, comunicaciones y servicios satelitales de los que depende la sociedad moderna. Investigadores de la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE) analizan estos impactos y subrayan la necesidad de preparación ante eventos de baja probabilidad pero alto impacto.

Amenaza para los sistemas tecnológicos

El clima espacial se origina por la actividad solar y genera perturbaciones en el entorno electromagnético de la Tierra. Las tormentas geomagnéticas y las erupciones solares producen efectos profundos en las constelaciones de satélites esenciales para la navegación global, como el GPS y el GLONASS, así como en las redes de internet y las comunicaciones satelitales.

El ingeniero aeronáutico Ysyamel Marín, investigador de la Dirección de Investigación e Innovación de la ABAE, explicó que estos sistemas mantienen un equilibrio vulnerable ante las variaciones del clima espacial. Las tormentas solares afectan directamente la ionosfera, donde se propagan las ondas de radio utilizadas en las comunicaciones terrestres, causando fluctuaciones que generan interferencias y pérdida de información. Marín detalló que «esto afecta gravemente en el caso de la transmisión de datos que se propagan mediante radiofrecuencias. En el caso de posicionamiento global como GPS y GLONASS, puede afectar también los componentes de un satélite».

Monitoreo y preparación estratégica

Los receptores GNSS, los satélites de observación solar y diversos instrumentos terrestres resultan cruciales para el monitoreo del clima espacial. Varsovia Turner, ingeniera en telecomunicaciones de la Dirección de Ciencia, Formación y Desarrollo de la ABAE, explicó que los satélites detectan la formación y el movimiento de nubes mediante cámaras infrarrojas, además de medir temperatura y vapor de agua. «Los receptores GNSS detectan cómo se perturba la ionosfera, y los instrumentos terrestres miden los efectos finales (auroras y corrientes en el suelo) que impactan a la tecnología», precisó.

La capacitación para anticipar y mitigar los efectos del clima espacial representa una cuestión de equidad, resiliencia global y desarrollo económico sostenible. Turner enfatizó que «en esencia, no se trata de un lujo, sino de una inversión en resiliencia. Un evento de clima espacial es un riesgo de desastre natural de baja probabilidad pero de alto impacto, y la preparación es la forma más costo-efectiva de manejarlo».

La preparación ante el clima espacial constituye un pilar fundamental de la seguridad nacional, al mismo nivel que la preparación para terremotos o pandemias. «Es una inversión crítica para proteger el funcionamiento de nuestra sociedad tecnológicamente interdependiente y garantizar que, incluso ante una furia solar, nuestra seguridad y conectividad puedan recuperarse lo más rápido posible», concluyó Turner.

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